25 agosto 2007

VENGANZA


Participar en concursos de relatos es algo que siempre me ha gustado, discretos, en petit comité, casi privados, un juego.



Un sudor frío recorre mi piel y tiemblo ligeramente pero no de frío sino de fiebre y rencor. Mis dedos engarfiados sujetan firmemente la muñeca estrafalaria. Hace tres días le concedí un respiro, la liberé del dolor y desclavé del fetiche uno a uno los alfileres de ojos, vientre, boca y sexo; pero hoy, definitivamente, pagará cara su traición.
Invoco al maligno mientras el estilete penetra pausadamente hasta el corazón de la muñeca envuelta con su pañuelo y allí queda hundido, clavado hasta la empuñadura. Unas gotas de sangre brotan y salpican. Oigo su alarido. Sonrío, el vudú ha funcionado.




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