
Participar en concursos de relatos es algo que siempre me ha gustado, discretos, en petit comité, casi privados, un juego.
Invoco al maligno mientras el estilete penetra pausadamente hasta el corazón de la muñeca envuelta con su pañuelo y allí queda hundido, clavado hasta la empuñadura. Unas gotas de sangre brotan y salpican. Oigo su alarido. Sonrío, el vudú ha funcionado.