26 agosto 2007

Tauromaquia


(relat escrit el 5-11-2005)


Yo diría que hay diferencias evidentes.

El "humano" va a lidiar al toro porque quiere, quiere ser torero, quiere ser famoso, quiere ser rico, quiere salir en la tele, quiere salir en el Hola y quiere... una forma de ganarse la vida con su sudor (porque estoy segura de que suda) y además con la sangre del toro. Por lo tanto entiendo que la defensa de alguien que acude a la cita por decisión propia y asume el riesgo... no procede.

El toro no va a ser lidiado porque quiere, al toro lo cuidan, lo miman, lo alimentan, lo adiestran, lo enseñan, lo llevan, lo pinchan para cabrearlo y lo sueltan a la plaza y lo provocan y cuando responde a los impulsos que, en teoría son innatos, embiste, ignorando el pobre bicho que el que tiene delante en plan provocativo con colorines, paquete y capote o muleta espera su reacción y está preparado para ello; si el bicho, por aquello de las cosas de la vida, hace un "dribling" inesperado y despista al del paquete coloreado, puede ser que lo pille y lo empitone... pero desgraciadamente, la mayoría de las veces, se queda con un palmo de narices ya que aquello a embestir rojo, suponiendo que distinga los colores, se esfuma delante de sus propias narices... y se encuentra que lo que tenía delante desaparece como por arte de birlibirloque... mientras busca despistado aquello que ha desaparecido y que estaba delante de su morro, la capa, el paquete y el uuuuh! uuuuh! bishooo! éste anda contoneándose a sus espaldas saludando al respetable público... un ojo al público y el otro al toro por si se le ocurre darse la vuelta.

Añadamos que mientras el diestro siniestro disfruta del aplauso enfervorecido, hay un montón de mariposones despistando al bicho con saltitos, grititos y movimientos de capas varias, para que así, el bicho, posponga la búsqueda de aquello que deseaba embestir desde un principio.

Todo y así... él se empeña en volver a la jugada... y cambia, altivo, la enorme capa por la muleta traidora. Mientras se acerca al ¿burladero? para el cambio de trapo traidor sale a colación un pobre caballo medio cegado, al cual tampoco le han preguntado si quería asistir, montado por un señor muy tieso cargado con una pica... el toro, amoscado por los jueguecitos, lo ve... y piensa que hay otro "bulto" para embestir y allí que va resignado rezando para que no desaparezca... y se encuentra con otra sorpresa. El muy cabrón, no sabe si el caballo o el señor, lo recibe con un pincho enorme, se lo clava en todo el lomo y cada vez que intenta embestir sale más rajao... la inteligencia humana, eso dicen, aprovechar la fuerza del contrario. Cuanto más fuerte quiere embestir, porque está dolido y empreñado, más duele, más se clava, más sangre mana del agujero que le han regalado... otra vez lo mismo, el toro reacciona como un toro pero no sabe que el "bulto" ya lo lleva controlado. Ha sido engañado por dos veces, engañado, maltratado, fastidiado y traicionado.


Al final, el caballo y el jinete se largan... se llevan la pica ensangrentada, ufano el jinete, acojonado el caballo, recogen los vítores y los aplausos y dejan al bicho a merced de los mariposones.

Vuelve al escenario el del paquete de colorines... chulillo, sonriente o serio, que la imagen es vital... y vuelta a la misma comedia:

Uuuuuh! uuuuh! toroooo!!!!!!!!! y la muleta p'arriba y p'abajo. Se acerca, lo roza incluso, a veces, se permite pasar la mano por el lomo ensangrentado del toro cansado y desubicado... ¡coño tan bien que se lo pasaba en la dehesa, sin musiquitas, sin ruidos, sin mariposones... es más, los caballos que el conocía eran amistosos, lo acompañaban... y los jinetes incluso lo llamaban... toro bonito! pues eso... que además de cansado y desubicado está cabreado y dolido... y cuando ve al de las lentejuelas y sus saltitos y sus familiaridades, allá va otra vez a ver si se lo lleva por delante...

- ¡cauenlaleshe! no se está quieto el jodido, cada vez que me acerco desaparece y me lo encuentro en el culo... al final parece que el del paquete se para de una puta vez... desafiante, de puntitas... con una pose estilo Pavlova... saca, de no se sabe donde, un estoque que brilla... el toro no sabe que es un estoque, allí se estaría mirándolo con cara de no entender nada.

Y dale... uuuuh! uuuuh! torooooo! y venga dar saltitos... y la muleta que se menea y de la mano una hoja fría, brillante y larga... y cuando al fin el toro decide cargarse al payaso éste lo espera y le clava, con traición y alevosía, toda la hoja fría entre lomo y espalda... en la nuca; nota como aquello brillante y duro le entra por todo el cuerpo, le cruza el alma... y nota como lo retiran, queda el agujero por donde entra el frío y sale la sangre... y el toro vuelve a la carga, no se arredra, a vida o muerte... y el payaso lo espera y otra vez igual... aprovecha la misma fuerza del toro, su "enemigo", para clavarle hasta el corazón el mismo estoque... que ya no está tan frío, conserva el calor de la sangre que se ha llevado la primera vez que entró... y el toro desfallece... y retiran otra vez el estoque... el toro cae... y si tiene suerte, muere, y si no... ha de esperar el matarile final, el único que es maestro en poner punto y final a la vida de un animal con su puntazo certero.


Es arrastrado por la arena mientras suenan aplausos y vítores... si el del paquete coloreado, el payaso, se ha portado bien, antes de llevárselo al matadero le cortan una oreja, o dos, o también el rabo... trofeos sumamente valiosos para el protagonista del baile de la muerte.

Al lado de la plaza una tienda reza en su cartel. Carnicería. Toro de Lídia.


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